Preparados, listos..¡Ya!

¿A quién no se le pone un nudo en la garganta cuando por la razón que sea, se ha lanzado y ha decidido irse a vivir fuera de España? ¿Quién puede asegurar que sabía con exactitud lo que este paso suponía antes de comprometerse a darlo?

Al menos en mi caso y, aunque me he visto en semejante situación varias veces, no acabo de acostumbrarme y sufro cada proceso como si fuera el primero.

Pero empiezo mejor por presentarme:

Me llamo Berta, y abro este blog para contaros mis experiencias, escuchar las vuestras e intentar recopilar toda la información posible sobre las cuestiones prácticas de la expatriación.

Como os decía, un traslado al extranjero no es algo que se pueda hacer de un día para otro y menos, si contigo va tu pareja o toda una familia.

En cuanto tomas la decisión, lo poco que consideras estable en tu vida empieza de pronto a tambalearse dando paso a un vértigo creciente que se instala en la boca del estómago y no desaparece hasta que te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás. Y es que un traslado al extranjero lleva asociadas multitud de decisiones de diversa índole, imprevistos, gestiones, papeleos, despedidas, un sinfín de emociones, dudas, incertidumbres que te asaltan tanto de día como de noche no dejándote descansar.

En esos procesos, suelo comprarme un cuadernito que coloco abierto en mi mesilla de noche, (no sé aún por qué razón, pero he comprobado que las mejores ideas surgen justo cuando estás a punto de entrar en un sueño profundo), lo dejo abierto y en cuanto se me ocurre algo lo escribo incluso a oscuras para asegurarme que lo recordaré por la mañana. Así puedo dormir mejor.

Dicen que una mudanza y un divorcio son dos de las razones más comunes de estrés. Y un traslado al extranjero puede llegar a tener  algo de ambas cosas; una situación muy compleja llena de frentes muy diversos que atender además de forma urgente:

¿Qué pareja es si no capaz de ponerse de acuerdo en tiempo récord en temas como el colegio de los niños, el barrio o tipo de casa en la que viviréis los próximo años, en si  llevarse el coche o  malvenderlo antes de marchar o si se alquila el piso en España o lo dejáis cerrado?

La clave aquí, en mi opinión, es asumir cada uno un papel y formar una especie de Equipo de Trabajo con departamentos complementarios pero bien diferenciados: Tú hablas con el cole, yo busco la casa, tú vendes el coche, yo me encargo de los papeles. ¡Y prohibido cuestionar el trabajo de tu compañero!

Lo increíble es que por mucho que las piezas del puzzle que conforma tu vida se desordenen, de pronto, como por arte de magia, vuelven a encajar y descubres que ya estás instalado, la casa está organizada, los niños en el colegio, el trabajo en marcha y has recuperado tu ansiada rutina en otra ciudad.

He pasado media vida con la casa a cuestas, con y sin familia, y a lo largo de estas páginas pretendo relataros mis experiencias, pensamientos e ideas que quizás os puedan orientar en un momento determinado.

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Y  porque  me  consta  que  hay  multitud  de  asuntos  con  los  que  te  sentirás identificado/a y artículos que  despertarán  tu  interés  te  invito  a  que  me  sigas  también  en    www.facebook.com/sindemora

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