Por Pekin: ¿En bici, en moto, en coche…?

Mi etapa en Pekin empieza tras unos cuantos años viviendo en España y me doy cuenta de que, como para todo, hay que saber cómo arrancar en un lugar nuevo y con qué actitud debe uno llegar.

He perdido un poco la costumbre y tras tres semanas sigo algo desorientada y superada por esta apabullante ciudad. Es verdad que la barrera del idioma es gigantesca y que la falta de comunicación dificulta todo mucho más pero estoy decidida a dejar de justificar por ello mi mojigatería y lanzarme de una vez a descubrir este mundo que tanto tiene que ofrecer.

Llevo unos días observando las calles, el movimiento de sus gentes, el tráfico, que aunque a primera vista parece caótico, tiene sin embargo sus reglas no escritas. Y decidir cómo desplazarse por la ciudad es precisamente el primer gran paso a dar.

La variedad de modelos de medios de locomoción es increíble: carromatos llenos de trastos tirados no se sabe cómo por bicicletas medio oxidadas, motocicletas con batería extraíble de diversos tipos siempre con dos o tres personas a bordo, bicicletas, vehículos de tres ruedas, de dos o incluso de una, patinetes eléctricos, cochecitos miniatura que también circulan por el carril bici y todo esto además de los automóviles de toda la vida. Los semáforos son poco respetados sobre todo desde el punto de vista del peatón. Puede estar verde para cruzar, pero si los coches pueden girar a la derecha, lo harán aunque el paso de peatones esté repleto de gente. La única manera de cruzar sin jugarse el tipo es pegarse al siempre considerable pelotón de chinos que esperan para pasar al otro lado.

He probado ya la bicicleta tradicional, pero esta tiene varios inconvenientes en función del plan que vaya uno a hacer. Ahora estoy intentando hacerme con la moto eléctrica: una vespa pequeñita de color naranja que me permite llevar a alguien de paquete e incluso hacer compras y transportarlas. Tras pasarme varios días dando vueltas en el parking debajo de casa, este fin de semana me lancé por fin a salir a la superficie. No se cómo describir la experiencia. Lo pasé genial, pero pasé los nervios y el estrés de mi vida. Una mezcla de sentimientos que no acaban de aclararme si ese será por fin mi medio de locomoción en Pekin. Para colmo, me quedé sin batería y tuve que empujar la moto hasta el garito del que me la vendió que por suerte andaba cerca. Un contratiempo que en el fondo agradecí por darme la excusa perfecta para dejar la carretera y subirme por fin a la acera.

Os preguntaréis por qué no considero la posibilidad del coche. Yo sigo teniendo dudas pero a todo el que pregunto por aquí me dice que viviendo donde vivo, en pleno centro, es absurdo ya que no saldré a menudo del barrio y para eso mejor hacerlo en dos ruedas ya que es difícil y caro aparcar, el tráfico es espantoso y no  está exento de riesgos. Para ir más lejos el metro es una magnífica alternativa.

Así que ese es ahora mi dilema. ¡Quién me iba a decir a mi que a mi edad tendría que hacerme “motera”!

carricoche

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