Ginebra: Un destino inolvidable.

Nos mudamos a Ginebra!

Ilusionante, pero ¡cuánto por hacer!

Al principio fueron todo problemas. Encontrar allí una casa es mas que difícil y las condiciones para alquilarla desaniman a cualquiera. Los precios son altísimos y las fianzas suelen ser mínimo de tres meses con lo cual hay que invertir todos los ahorros en depositar esa cantidad en el banco a modo de garantía.

Cada muesca en el suelo, cada mancha en la pared, todo ha de ser mirado con lupa antes de firmar el “état des lieux” porque cada desperfecto será motivo de enfrentamiento con el agente inmobiliario  o el propietario al marcharnos. Las gestiones en bancos, compañías de suministros etc, algo complicadas, pero superado esto, la ciudad es mas que agradable. El lago y sus alrededores dan una paz increíble, y el ritmo es tranquilo y amable. La gente allí está acostumbrada al extranjero. No en balde somos un 40% de la población ginebrina.

Todos menos las señoras mayores en su mayoría, que se empeñan en darle a uno la lección como si fuera de Suiza no hubiera civilización.

-En algún lugar leí una anécdota muy divertida de un chico, algo zarrapastroso, que al subir al autobús se encontró con la atenta mirada de reproche de una viejecita. Al subirse el controlador  ésta  mostró su tique con orgullo segura de que el chico se habría colado. A modo de venganza, el chico aprovechó un descuido  para arrebatar el título de transporte  de la mano de la anciana y ¡se lo comió! , abandonando el autobús y  dejando a la señora expuesta a la mayor de las humillaciones.-

Las escuelas públicas son buenas en general, pero mejores en algunos barrios. Los supermercados están bien provistos. Hay dos cadenas, ”La Migros” y “la Coop” aunque mucha gente cruza la frontera para comprar en Francia donde, hace unos años al menos, era  un 30% mas barato. Eso sí, cuidado con los límites que imponen los aduaneros suizos porque si lo sobrepasas y tienes la mala suerte de que te paren, tendrás que dejar el excedente y ver cómo lo tiran a la basura.

El clima de Ginebra es estupendo en contra de lo que se suele oír. Las cuatro estaciones están bien marcadas y duran lo justo para disfrutarlas a tope. En otoño, las hojas de los árboles van cambiando de color y hacen que el paisaje sea de lo mas especial. Aparecen los puestos de castañas asadas, las mejores del mundo y las terrazas se mantienen con estufas que calientan el ambiente. En invierno, llega la temporada de esquí. Las mejores pistas de los Alpes están a tan solo 30 minutos del centro de la ciudad y los fines de semana el plan es madrugar para aprovechar la mañana esquiando y volver a merendar a casa para descansar por la tarde. La primavera trae la proliferación de los viveros llenos de geranios que acaban en la terrazas de cada edificio donde se hace vida durante las horas de sol. La ciudad florece, los parques se llenan de niños, jóvenes y no tan jóvenes. Se pasea al borde del lago, por la ciudad vieja o por el centro y casi siempre hay una actividad organizada por el ayuntamiento como el día de la música o el concurso de pintura. En verano, la temperatura permite bañarse en piscinas e incluso en el lago. Se abre Genève Plage que se pone de bote en bote al mas mínimo rayo de sol. En junio los ginebrinos ya lucen su moreno de montaña y recorren las calles en sus bicicletas con el flotador y la toalla a cuestas para disfrutar del buen tiempo.

No se puede vivir en Ginebra sin apuntarse alguna vez a “La Course de l’Escalade”. Un mini maratón que tiene lugar todos los años el primer sábado de diciembre  y que conmemora la victoria de los ginebrinos ante las tropas del Duque de Saboya en 1602 consiguiendo así su independencia. Cada rincón de la ciudad es una fiesta en la que lo tradicional es tomar sopa de verduras y “vin chaud” además de chocolate. La carrera es para todas las edades y el recorrido máximo es de 8 kilómetros.

Una ciudad a disfrutar, en el centro de todo y con todo a mano. Con gran vida cultural y un aeropuerto internacional con muchos vuelos low cost que te llevarán a cualquier parte de Europa por poco dinero.

Las cosas funcionan y la gente es muy amable. Una vida tranquila, organizada y la mar de agradable.

 

geneve

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