El lento aterrizaje

Es una realidad. Cuando te marchas a vivir al extranjero no cabe duda de que el afán por adaptarte y buscarte la vida en tu nuevo destino ocupa todo tu tiempo y se convierte en tu prioridad. Es una cuestión de supervivencia.

Es tanto lo que hay que hacer, lo que hay que aprender, tanta la gente nueva que habrás de conocer y sobretodo, tanto tu afán por adaptarte y aclimatarte a tu nueva vida que poco a poco y sin darte cuenta, vas desprendiéndote de la anterior para concentrar todos tus esfuerzos en tu nuevo reto.

Si te mantienes ilusionado y curioso, no tardarás demasiado. En un par de meses te sentirás ya prácticamente en casa, tendrás a punto tu hogar y tu grupo de amigos y estarás empezando a disfrutar de esa nueva vida.

Una de las pruebas de fuego es cuando regresas a casa tras unos cuantos meses fuera. La sensación es extraña, como si fueras otra persona, como si hubieras vivido dos vidas mientras ahí siguen como cuando les dejaste. Se alegran mucho de verte: grandes abrazos, palmaditas y te preguntan sobre tu vida allí;  pero notas que tras decir que todo bien y describir un poco tu nueva casa y tu actividad diaria,  pierden toda curiosidad y pasan a hablar de sus cosas como si jamás te hubieras marchado.

Y te sientes decepcionado, porque tienes tanto que contar, tantas experiencias vividas pensando en ellos,  los tuyos, y en lo mucho que las disfrutarían también si estuvieran contigo, que cuando tu hermana cambia de tercio y comenta que por fin el bautizo de su hijo será el 14 de mayo  consiguiendo con ello acabar con tu apasionado relato, te invade la frustración y te sientes …..de más.

Luego están esas situaciones en las que te la cargas si no llamas para comentar que estás en urgencias porque tu hija llevaba 4 días con fiebre, o cuando te reprenden porque fuiste a comer a casa de tu madre y aún no has aparecido por la de tu suegra. Y es que la vida de expatriado te enseña a ser independiente y autónomo a la fuerza. Vives sin familia a la que ir a visitar los domingos y haces tu vida sin pensar que alguien pueda acompañarte al médico. No es una cuestión de descortesía, simplemente te has acostumbrado a hacer las cosas solo y ni se te pasa por la cabeza “molestar”a nadie.

No es fácil, la verdad. Son dos vidas muy diferentes y a dos velocidades. Te adaptas a ambas pero necesitas tiempo para aterrizar del todo cuando pasas de una a otra. Y esto sirve para la ida y para la vuelta, porque lo normal es que te subas al avión de regreso con el corazón encogido por dejar a tus seres queridos, acordándote de los días perdidos por culpa de ese lento aterrizaje emocional que te mantiene fuera de la realidad más tiempo del deseable.

 

 

 

 

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Ventanilla Única

¡Me voy a vivir fuera!

¡Qué ilusión!, ¡qué emoción! y ¡qué curiosidad!

Si, si…. Todo maravillas cuando te dan la noticia pero nadie te cuenta lo que viene inmediatamente después:

Organiza una mudanza, elige las fechas, busca casa en destino, colegio, prepara a los niños para el gran cambio, inscripciones por un lado, despedidas por el otro, cierra cuentas, cancela suministros y haz lo contrario allá donde vas….Papeleos y mas papeleos. Listas interminables que crecen a mas velocidad de lo deseable e insomnio, mucho insomnio.

Un puzzle gigante que estalla en miles de piezas que hay volver a colocar en su lugar en otra ciudad.

Y lo increíble es que al final ocurre. Cuando ya uno está en las últimas, cuando ya estás a punto de tirar la toalla, las piezas se juntan de nuevo como por arte de magia y sin darte a penas cuenta vuelve la rutina. Esa maravillosa rutina que nos permite vivir tranquilos, sabiendo lo que va a pasar, permitiéndonos anticipar y dejándonos disfrutar.

Por si os veis apurados en un momento dado y os gustaría solucionar todo con una sola llamada os paso el contacto de la única “ventanilla única” donde solucionar todo lo relativo a vuestro traslado.

http://www.sindemora.com

No lo dudéis y pasaros directamente a la fase de la ilusión y la curiosidad.

¡Hala! ¡A disfrutar!

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Por Pekin: ¿En bici, en moto, en coche…?

Mi etapa en Pekin empieza tras unos cuantos años viviendo en España y me doy cuenta de que, como para todo, hay que saber cómo arrancar en un lugar nuevo y con qué actitud debe uno llegar.

He perdido un poco la costumbre y tras tres semanas sigo algo desorientada y superada por esta apabullante ciudad. Es verdad que la barrera del idioma es gigantesca y que la falta de comunicación dificulta todo mucho más pero estoy decidida a dejar de justificar por ello mi mojigatería y lanzarme de una vez a descubrir este mundo que tanto tiene que ofrecer.

Llevo unos días observando las calles, el movimiento de sus gentes, el tráfico, que aunque a primera vista parece caótico, tiene sin embargo sus reglas no escritas. Y decidir cómo desplazarse por la ciudad es precisamente el primer gran paso a dar.

La variedad de modelos de medios de locomoción es increíble: carromatos llenos de trastos tirados no se sabe cómo por bicicletas medio oxidadas, motocicletas con batería extraíble de diversos tipos siempre con dos o tres personas a bordo, bicicletas, vehículos de tres ruedas, de dos o incluso de una, patinetes eléctricos, cochecitos miniatura que también circulan por el carril bici y todo esto además de los automóviles de toda la vida. Los semáforos son poco respetados sobre todo desde el punto de vista del peatón. Puede estar verde para cruzar, pero si los coches pueden girar a la derecha, lo harán aunque el paso de peatones esté repleto de gente. La única manera de cruzar sin jugarse el tipo es pegarse al siempre considerable pelotón de chinos que esperan para pasar al otro lado.

He probado ya la bicicleta tradicional, pero esta tiene varios inconvenientes en función del plan que vaya uno a hacer. Ahora estoy intentando hacerme con la moto eléctrica: una vespa pequeñita de color naranja que me permite llevar a alguien de paquete e incluso hacer compras y transportarlas. Tras pasarme varios días dando vueltas en el parking debajo de casa, este fin de semana me lancé por fin a salir a la superficie. No se cómo describir la experiencia. Lo pasé genial, pero pasé los nervios y el estrés de mi vida. Una mezcla de sentimientos que no acaban de aclararme si ese será por fin mi medio de locomoción en Pekin. Para colmo, me quedé sin batería y tuve que empujar la moto hasta el garito del que me la vendió que por suerte andaba cerca. Un contratiempo que en el fondo agradecí por darme la excusa perfecta para dejar la carretera y subirme por fin a la acera.

Os preguntaréis por qué no considero la posibilidad del coche. Yo sigo teniendo dudas pero a todo el que pregunto por aquí me dice que viviendo donde vivo, en pleno centro, es absurdo ya que no saldré a menudo del barrio y para eso mejor hacerlo en dos ruedas ya que es difícil y caro aparcar, el tráfico es espantoso y no  está exento de riesgos. Para ir más lejos el metro es una magnífica alternativa.

Así que ese es ahora mi dilema. ¡Quién me iba a decir a mi que a mi edad tendría que hacerme “motera”!

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Etapas: Una previsible pero….

¡Qué sensación tan extraña!

He oído decir muchas veces que la historia se repite y realmente me doy cuenta ahora de que es una verdad como un templo.

Aún recuerdo cuando mis padres desde Guatemala me mandaron a estudiar a Madrid. Tenía 18 años y no me dieron otra opción. Había vivido con ellos en varios países y ahora tocaba echar raíces en España.

El pasado mes de agosto me tocó hacer lo mismo con mis dos hijos mayores. Nos hemos venido a vivir a Pekin con la pequeña y ellos tenían que proseguir sus estudios en Madrid.

Son mayores, es ley de vida, sabrán desenvolverse……pero yo sigo viéndoles como cuando eran pequeños y siento un desgarro en el alma que me duele físicamente. Nunca pensé que me llegara tan pronto este momento. Pasan los años y uno no se da cuenta y aunque sepamos que son cosas que acabarán ocurriendo no nos preparamos para ello. Si es que es posible preparase…

Las nuevas tecnologías nos permiten estar en contacto pero ya no es lo mismo. Se ha acabado una etapa. La etapa en la que eramos cinco. En la que salíamos a comer todos juntos los domingos, en la que nos reuníamos en el salón para ver los partidos y pedíamos unos “durums” o “kebabs” para no perdernos ni un segundo, en la que teníamos que coger dos taxis para ir al aeropuerto para irnos a descubrir otras tierras, en la que la lucha por el orden y la organización de horarios en casa estaba a la orden del día. Una etapa en la que la casa estaba llena de vida, de risas y de peleas, de momentos dulces y algún que otro amargo, de charlas, de ruidos, de música….

Presiento que ya nunca volverá a ser así. La vida nos separa y ellos ahora aprenderán a vivir solos, a solucionar su día a día, a construir su propia rutina, su forma de vida … y cuando regresemos, si es que aún siguen en casa, la convivencia será algo complicada porque ya se habrán acostumbrado a ser independientes y hacer las cosas a su manera. Sé que es normal, que es lo que tiene que pasar, pero duele saber que ya nunca será igual.

El poeta Khalil Gibran dice que los hijos no nos pertenecen, que les damos la vida para que ellos sigan la suya propia. Pero aquí, entre nosotros, os diré que yo los siento muy muy míos.

Solo espero haberles dado las herramientas necesarias para que sigan su camino y consigan ser muy felices. Porque al final no cabe duda de que se trata de eso ¿o no?

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Mis vivencias en La Haya

La Haya, una ciudad de cuento en la que todo funciona, está  ordenado, limpio y reciclado y uno sabe siempre a qué atenerse. Viniendo de España esta organización choca un poco pero cuando uno se acostumbra cuesta  volver atrás.

Las casas son todas prácticamente iguales: tres plantas con distribución casi idéntica: dos dormitorios y un cuarto de baño completo con el retrete, de curioso diseño llamado “escaparate”, siempre a parte. (Los que allí hayan residido saben seguro a qué me refiero)

El clima es algo duro. El frío, el viento y la lluvia suelen hacer acto de presencia a la vez la mayoría de los días de invierno. El paraguas resulta del todo inútil.  La primavera, el verano y el otoño son más agradables, aunque el  calor, tal y como lo entendemos en España, no existe.  El más mínimo rayo de sol, sea la época que sea, es excusa suficiente para que los holandeses se remanguen camisas y pantalones y se expongan cual lagartos al sol.

La vida en La Haya es tranquila. Nadie se mete con nadie, las tiendas son atractivas, minuciosamente decoradas y bien atendidas. Los tenderos muy amables y sonrientes y todos perfectamente bilingües en inglés, idioma en el que se dirigen al extranjero en cuanto este abre la boca para decir “Buenos Días” con pésima pronunciación. Los holandeses son muy altos y muy rubios. Es casi intimidante y si una es bajita y morena como yo, la sensación de cucaracha correteando entre gigantes patosos será una constante en su vida allí.

El centro de la ciudad es muy agradable. Pasearse por Noordeinde y por sus alrededores es todo un placer. En una de las callecitas hay un famoso “cuchitril” en el que dan las patatas fritas más ricas del mundo. Se puede elegir la salsa pero sea cual sea la elección, te chuparás los dedos y soñarás con volver.

Es una ciudad agradable para andar en bicicleta, no hay cuestas y todo está preparado para ello. Se puede incluso viajar por todo el país. Es increíble el partido que los holandeses les sacan. ¡A veces va toda la familia en una de ellas!

Todo se hace en bicicleta, incluso la compra. Yo nunca conseguí ceñirme a lo que cabía en el cestito delantero de la mía. Mis carros llegaban abarrotados a la caja ante la mirada de asombro de los locales que compraban siempre tan solo lo que consumían en el día. La cultura del ahorro estaba a la orden del día. Tampoco daban bolsas, ni siquiera pagando y esto hacía de la carga y descarga, al coche primero y a casa después, una verdadera tortura. El supermercado más famoso y extendido en el país era el Alberthein y en  la Haya, el Kon-Mar de Scheveningen estaba también muy bien surtido.

Amsterdam está a unos  50 minutos y Rotterdam a media hora. Para ir a Delft, pueblo artesano y precioso, recomiendo el camino en bicicleta. Es una verdadera maravilla.

A las cinco se cierra todo y a las seis está todo el mundo en su casa. Esto puede parecer aburrido pero en realidad es  estupendo tanto  para la vida de familia como para cultivar las amistades. Da tiempo para invitar, para preparar la cena, para charlar, estudiar, ir al cine…..y para tantas otras cosas.

A la hora de recibir invitados, no os extrañéis si os piden la botella de vino que trajeron con lo que haya sobrado. Para un español puede resultar ofensivo, pero para ellos sería, al contrario, una falta de respeto, dejarte las sobras y que tengas que recogerlas. Curioso ¿no?

Otra experiencia es la de ir al doctor. A cada familia se le asigna un médico de cabecera y además procuran que éste hable su idioma. Hay que pedir una cita para que conozca a toda la familia y una vez hecho este trámite, todo, pasa por él. Pero todo, todo. En caso de emergencia, al menos en la época en la que vivimos allí, no se puede ir al hospital sin pasar antes por el médico de la familia. Es toda una contradicción, porque si es una urgencia en principio no hay tiempo que perder, pero así es la cosa. Toda enfermedad común se cura con vapor, baños templados y a lo sumo, paracetamol. Prácticamente todas las medicinas se venden con receta y en la farmacia te pesan para saber qué cantidad darte. Ni una pastilla más. La medicina preventiva no se practica mucho. Y desde mi punto de vista el ojo clínico español se echa allí mucho de menos. Pero la realidad es que si uno de verdad se está muriendo, echarán el resto para curarle.

 

 

Si alguna va a dar a luz allí, que sepa que la práctica común es tener al niño en casa con una comadrona. Si consigues que te atiendan en un hospital y pides la epidural, cerciórate  antes de que te harán caso. No son nada partidarios.  Yo tuve un niño allí, le llamaban el “Latin Lover” en el nido por lo morenito y pequeñito (los bebés holandeses no bajan de los cuatro kilos y medio y son todos calvos con pelusa rubita). Di con el único médico que respetaba la voluntad de la madre en el tema de la anestesia  pero tuve que fingir estar de parto el día que le tocaba a él la guardia para asegurarme la epidural.  Ojo con este tema, no sé si seguirá siendo así pero conviene asegurarse. También me aconsejaron que me llevara una caja de paracetamol porque en el hospital me darían solo uno tras dar a luz…….fue un magnífico consejo.

De las costumbres holandesas es curiosa la llegada de San Nicolás cada 6 de noviembre al puerto en Scheveningen. Dice la leyenda que éste llega en barco desde España rodeado de Zwarte Pieten, pajes encargados de distribuir los regalos a los niños buenos.  Suele ser el propio alcalde de la ciudad el que se disfraza de SinterKlass y por la tarde, el mismo día de su llegada va a la Embajada de España a repartir mandarinas a los niños de los colegios invitados. Por otro lado, el hombre del saco holandés es el  Duque de Alba. Esta leyenda  viene de la época en la que el Duque marchó a Flandes durante el reinado de Felipe II  con los Tercios españoles  para meter en cintura a los rebeldes. Pero al pueblo holandés le caemos en gracia. ¡Y si no que se lo digan a los miles de Holandeses que vienen de vacaciones cada año!

 

Si tienes la oportunidad de irte a vivir allí una temporada, no lo dudes un segundo. Te encantará.

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De cajones y trasteros…

Hay que ver la de cosas inservibles que salen de los cajones. Y eso que solo llevamos aquí tres años!! Los niños además han pasado a ser adolescentes y todos los patines, los tebeos o las películas de Disney ya no les interesan. Organizar una venta es una muy buena idea así como hacer lotes de libros, películas, ropa o juguetes que otros puedan aprovechar. Puede ser una ocasión más para ver a todos aquéllos con los que has compartido experiencias durante tu etapa en ese lugar.

Y si se acumulan cosas en los cajones……

¿Qué decir de los trasteros?

Muebles, cajas llenas de todo tipo de objetos, maletas que al abrirse despiden un olor a naftalina que echa para atrás, adornos, equipos de esquí que tras cuatro años en el trópico jamás se vuelven a utilizar, (¡los niños han pasado de medir 1,40 a 1,90!) y las cajas de legos, las Bratz y la colección de hot wheels ya nos les interesan lo más mínimo… Tanto espacio ocupado durante tanto tiempo, el esfuerzo al guardarlo allí todo ordenado e inventariado, para ahora deshacerse de ello entregándoselo al mejor postor…. Hay que aprender a desprenderse de lo que ya no vamos a usar y dejar que otros las disfruten… No hemos sacado nada del trastero, solo hemos hecho sitio para meter más cosas y es que en el trastero se entra, pero ¡NUNCA se sale! Al menos esa es mi experiencia…

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Más consejos prácticos: PAPELEOS

Dentro de las múltiples incertidumbres a la hora de cambiar de vida, está la de los dichosos papeles, documentos o certificados que conviene tener a mano. Dependiendo de la circunstancia serán unos u otros. Pero no cabe duda de que esta es la parte más árida y desagradable de un traslado: partidas de nacimiento, certificado de matrimonio, calificaciones escolares, permiso de circulación del vehículo, número de chasis, seguro, baja en los suministros, certificado de penales, título universitario, y todo con su correspondiente apostilla o legalizados en función del país de destino. Es importante ser previsor porque estos trámites llevan mucho tiempo.
¡A tener en cuenta!

Tras varios traslados puedo deciros que aún se me hace muy cuesta arriba este tema, pero he conseguido elaborar una lista de todo lo susceptible de tener que necesitar y gracias a ello la cosa ya va más rodada.

SINDEMORA tiene toda la información y son capaces de guiarte por este trance o incluso de hacerlo por ti en la mayoría de los casos. No lo dudes. La diferencia está en evitarte agobios, angustias, en dormir a pierna suelta por la noche y en la tranquilidad de saber que tendrás lo necesario llegado el momento.

Solo es necesario que les digas a dónde te vas y cuál es tu situación familiar. ¡Anímate! ¡Merece la pena!

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Consejos para la mudanza

Son muchas las cosas que hay que tener en cuenta a la hora de preparar una mudanza. Cuanta más información tengas sobre tu destino mejor podrás prepararla. Si tienes la oportunidad de preguntar sobre el clima, comercios, costumbres, oferta cultural, clubes deportivos o vida social, tendrás la información necesaria para elegir los muebles, la ropa y hacer una lista de lo que conviene comprar que no sea fácil encontrar allí, para aprovechar la mudanza.

Pero por mucho que te prepares el frenesí del primer día de mudanza no te lo quita nadie.

El día de la recogida, el personal de la empresa de mudanzas irrumpe en tu casa, invade cada estancia y se pone a trabajar a tal velocidad que difícilmente podrás controlar qué y cómo se meten las cosas en las cajas. Me costó darme cuenta, pero tras varios desastres creo que puedo darte ya algunos consejos que te serán de gran ayuda:

Ponle una etiqueta verde a lo que va en la mudanza, una roja a lo que se queda y no se toca, amarilla a lo que va al trastero y azul a lo que no quieres que desembalen nada más llegar.

Pon un mantel en la mesa de comedor y encima, todo lo que consideres delicado. Pide que solo una persona se encargue de embalarlo y procura apuntar, (si es que te dejan), lo que va en cada caja.

Reserva un cuarto para dejar las maletas, documentos y demás cosas que no quieres que se lleven. En alguna ocasión tuvimos que abrir unas cuantas cajas para encontrar los pasaportes!!

Ármate de paciencia. No es nada agradable ver cómo se llevan tus cosas pero todo te habrá compensado cuando lo recibas ordenado y con las etiquetas bien puestas en tu nuevo hogar.

¡¡No hay nada peor que esas cajas potpurrí en las que van dos pares de zapatos, una muñeca, tres tazas del desayuno, la colección de sellos y la manta del perro!! Nunca encuentras el momento de colocar cosa por cosa.

Mete al final la caja de herramientas. La necesitarás nada más llegar.

Y procura que carguen el “container” delante de tu casa. Así podrás comprobar que todo está dentro y bien encajado, aunque para entonces estarás tan cansada que te dará un poco igual.

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Bucarest en 1993

Hace ya muchos años que pasamos por Bucarest, pero guardamos un magnífico recuerdo de una ciudad, que aunque castigada por su historia, mantenía intacto su glamour y su personalidad. Muchos la llamaban aún “Le petit Paris de l’Est”.

Lo que pueda contar de nuestro paso por allí estará a todas luces anticuado, ya que por lo que me han contado, el desarrollo en pocos años ha sido espectacular y aquello nada tiene que ver ya con lo que nosotros nos encontramos.

Corría el año 1992 y en pleno mes de diciembre nos instalamos en la calle Emil Pangrati en un barrio residencial muy cerca del mas maravilloso de los parques, el Herastrau. Ceaucescu acababa de caer y el clima en general era de desconfianza hacia el extranjero. Se respiraba aún el ambiente del comunismo y de hecho en las tiendas o “consignatias” no había prácticamente nada. Los que llevaban allí mas tiempo nos recomendaron salir de casa siempre con una bolsa  y si veíamos por casualidad a gente haciendo cola, ponernos tras ellos con la esperanza de poder encontrar alguno de los innumerables productos que escaseaban por aquél entonces en la ciudad. En estas “consignatias” se vendían productos dispares tales como   una madeja de lana, un par de zapatos de segunda mano, un palo de escoba, una lupa, una mochila de camuflaje, unos frascos de cristal con algo parecido a un codillo y unos cuantos botes de pintura. La Coca Cola se llamaba Camlica y era transparente y la leche se vendía solo en polvo. Pero se iban encontrando cosas poco a poco y si uno tenía la suerte de contar con la ayuda de un local, podía llegar a tener la despensa prácticamente llena. Era cuestión de buscarse la vida. Eso sí, el Cola Cao, ¡el nuestro! Y los Chupa Chups no faltaban en ningún mostrador. Increíble.

La ciudad contaba con grandísimas avenidas recorridas por Dacias y Lada Nivas en su mayoría. Una de ellas conducía a la casa Poporului, inmenso palacio construido por el matrimonio Ceacescu con toda serie de materiales importados de las casas de decoración  mas caras de la Europa occidental. Un verdadero contraste.

Desperdigados por la ciudad había pintorescos locales para el esparcimiento como la cervecería Karol cu Bere  y el restaurante Capsa  en el que sus escasos platos como la especialidad de la casa “el Mititei”, eran servidos con las mas maravillosas bandejas de plata y los mas almidonados de los manteles al estilo parisino.

Cada sábado por la mañana había subasta. A ella acudíamos muchos de los extranjeros. Era un lugar de encuentro y de vez en cuando comprábamos algo. Había verdaderas joyas tanto en muebles como en cuadros, alfombras, vajillas y objetos de plata.

Algo que seguro sigue allí sin cambios es el castillo de Peles en la ciudad de Sinaia. Un palacio sobrecogedor construido entre los Cárpatos por encargo del rey Carol I a finales del siglo XIX. Cada estancia, cada detalle, los olores, los colores, las historias que cuentan  sus guías, le hacen a uno transportarse a la época de lleno mientras lo visita.

Otro lugar al que ir es el castillo de Drácula o castillo de Bran, situado cerca de Brasov en plena región de Transilvania. Dice la leyenda que este castillo perteneció a Vlad Depes (Vlad Draculae), pero no hay evidencia de esto y la mayoría de las versiones apuntan a que “El Empalador” tan solo pasó allí dos días encerrado en una mazmorra.

En Poiana (Brasov) Había una estación de esquí a la que acudíamos con cierta frecuencia. Había unos cuantos hotelitos muy agradables y unos restaurantes de lo mas acogedores donde la carne mas cotizada era la de oso. La estación tenía arrastres y telesillas todo muy viejo y oxidado pero en perfecto estado de funcionamiento. El paisaje, inmejorable.

El clima tampoco ha debido variar mucho. En invierno el frío era intenso y seco. La nieve estaba a la orden del día y cuando ésta desaparecía en el mes de marzo, debajo ya asomaban los tulipanes de colores en los jardines. La primavera aparecía de golpe y daba paso poco a poco a un verano caluroso.

Bucarest es una ciudad con duende, un lugar especial. Los años que pasamos allí fueron años de transición y la vida cotidiana estaba marcada por la escasez. Pero la situación evolucionaba muy deprisa y no tengo ninguna duda de que se habrá convertido en un destino estupendo.

Bucarest plano

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Ginebra: Un destino inolvidable.

Nos mudamos a Ginebra!

Ilusionante, pero ¡cuánto por hacer!

Al principio fueron todo problemas. Encontrar allí una casa es mas que difícil y las condiciones para alquilarla desaniman a cualquiera. Los precios son altísimos y las fianzas suelen ser mínimo de tres meses con lo cual hay que invertir todos los ahorros en depositar esa cantidad en el banco a modo de garantía.

Cada muesca en el suelo, cada mancha en la pared, todo ha de ser mirado con lupa antes de firmar el “état des lieux” porque cada desperfecto será motivo de enfrentamiento con el agente inmobiliario  o el propietario al marcharnos. Las gestiones en bancos, compañías de suministros etc, algo complicadas, pero superado esto, la ciudad es mas que agradable. El lago y sus alrededores dan una paz increíble, y el ritmo es tranquilo y amable. La gente allí está acostumbrada al extranjero. No en balde somos un 40% de la población ginebrina.

Todos menos las señoras mayores en su mayoría, que se empeñan en darle a uno la lección como si fuera de Suiza no hubiera civilización.

-En algún lugar leí una anécdota muy divertida de un chico, algo zarrapastroso, que al subir al autobús se encontró con la atenta mirada de reproche de una viejecita. Al subirse el controlador  ésta  mostró su tique con orgullo segura de que el chico se habría colado. A modo de venganza, el chico aprovechó un descuido  para arrebatar el título de transporte  de la mano de la anciana y ¡se lo comió! , abandonando el autobús y  dejando a la señora expuesta a la mayor de las humillaciones.-

Las escuelas públicas son buenas en general, pero mejores en algunos barrios. Los supermercados están bien provistos. Hay dos cadenas, ”La Migros” y “la Coop” aunque mucha gente cruza la frontera para comprar en Francia donde, hace unos años al menos, era  un 30% mas barato. Eso sí, cuidado con los límites que imponen los aduaneros suizos porque si lo sobrepasas y tienes la mala suerte de que te paren, tendrás que dejar el excedente y ver cómo lo tiran a la basura.

El clima de Ginebra es estupendo en contra de lo que se suele oír. Las cuatro estaciones están bien marcadas y duran lo justo para disfrutarlas a tope. En otoño, las hojas de los árboles van cambiando de color y hacen que el paisaje sea de lo mas especial. Aparecen los puestos de castañas asadas, las mejores del mundo y las terrazas se mantienen con estufas que calientan el ambiente. En invierno, llega la temporada de esquí. Las mejores pistas de los Alpes están a tan solo 30 minutos del centro de la ciudad y los fines de semana el plan es madrugar para aprovechar la mañana esquiando y volver a merendar a casa para descansar por la tarde. La primavera trae la proliferación de los viveros llenos de geranios que acaban en la terrazas de cada edificio donde se hace vida durante las horas de sol. La ciudad florece, los parques se llenan de niños, jóvenes y no tan jóvenes. Se pasea al borde del lago, por la ciudad vieja o por el centro y casi siempre hay una actividad organizada por el ayuntamiento como el día de la música o el concurso de pintura. En verano, la temperatura permite bañarse en piscinas e incluso en el lago. Se abre Genève Plage que se pone de bote en bote al mas mínimo rayo de sol. En junio los ginebrinos ya lucen su moreno de montaña y recorren las calles en sus bicicletas con el flotador y la toalla a cuestas para disfrutar del buen tiempo.

No se puede vivir en Ginebra sin apuntarse alguna vez a “La Course de l’Escalade”. Un mini maratón que tiene lugar todos los años el primer sábado de diciembre  y que conmemora la victoria de los ginebrinos ante las tropas del Duque de Saboya en 1602 consiguiendo así su independencia. Cada rincón de la ciudad es una fiesta en la que lo tradicional es tomar sopa de verduras y “vin chaud” además de chocolate. La carrera es para todas las edades y el recorrido máximo es de 8 kilómetros.

Una ciudad a disfrutar, en el centro de todo y con todo a mano. Con gran vida cultural y un aeropuerto internacional con muchos vuelos low cost que te llevarán a cualquier parte de Europa por poco dinero.

Las cosas funcionan y la gente es muy amable. Una vida tranquila, organizada y la mar de agradable.

 

geneve

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Cara y cruz

Tengo 19 años y después de haberme pasado la vida dando saltos por el mundo ahora vivo en Madrid con mi hermano en la que ha sido nuestra casa siempre que hemos pasado por aquí. Mis padres y mi hermana pequeña están lejos…muy lejos. No voy a decir que nos les eche de menos, pero confieso que esta libertad deliciosa, ese caos semi controlado que reina en el piso, esa independencia que tenemos ahora, ¡no tiene precio!

Claro, que hemos tenido que ponernos las pilas en muchas cosas y asumir ciertas responsabilidades.  La primera compra por ejemplo, nos salió genial, o eso nos parecía hasta que nos dimos cuenta, tarde, de que solo habíamos comprado galletas, bollos, kikos y coca colas. Gestionar el presupuesto nos resulta dificilísimo y no digamos los imprevistos. Eso de esperar a que venga el de la lavadora es una verdadera pesadez. Pero con eso de que no hay padres, nuestra casa se ha convertido en punto de reunión y pasamos aquí ratos la mar de divertidos con todos nuestros amigos. Somos libres de salir y entrar, de levantarnos a las tantas, de hacer fiestas…Pero esto no es tan fácil como yo creía.

Ahora llegan las vacaciones y mamá vendrá a llenarnos la despensa. A cambio tendremos que dejarle el sitio en el sofá y el control del mando a distancia, ir a ver a los abuelos al menos un par de veces por semana y hacer el paripé de hijos ejemplares.  Un esfuerzo, no cabe duda, pero…¿ y la sensación de no tener responsabilidades más allá de los estudios? ¿Y esa tranquilidad al saber que alguien te espera en casa y que te la encontrarás ordenada y limpia y hasta con flores en la mesa? ¿Y esos lujos repentinos de salir a cenar a un buen restaurante e incluso poder pedir dos refrescos a lo largo de la cena?

Releo lo escrito y llego a la conclusión de que tenemos equivocado el concepto de “libertad”. ¿O no se es más libre cuando no se tienen responsabilidades?

blog libertad

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Brasília: una desconocida gran capital.

Brasília es una ciudad artificial construida en el siglo XX por el urbanista COSTA y el arquitecto NIEMAYER. Es la única ciudad construida en el siglo XX declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Un gran lago artificial rodea la ciudad y le da  forma de avión. Ésta está dividida en sectores y en cada uno de ellos se desarrolla una actividad específica. Por un lado los hoteles, por otro los hospitales, otro sector dedicado al gobierno, otro para el comercio y  éste a su vez también dividido en zonas en función del tipo de actividad. Ir al dentista, tomarse un café y hacer la compra por ejemplo,  son actividades que no pueden hacerse en el mismo sector, aunque poco a poco esto va siendo cada vez menos rígido.

El lago Paranoà es un puerto deportivo donde se realizan actividades como el wakeboard y el esquí náutico. Al borde del lago hay varios clubes donde se puede jugar al golf y al tenis pero para entrar es necesario ser miembro o estar invitado.

El clima en la época seca es fresco y muy seco. Siempre aconsejan poner un cubo lleno de agua bajo la cama cada noche y éste, increíblemente, amanece vacío. A veces cierran incluso los colegios y aconsejan no realizar actividades al aire libre.

La Catedral de Brasília, la Plaza de los Tres Poderes, el Museo y la Biblioteca Nacional y el Palacio de Planalto son algunos de los impresionantes monumentos de la ciudad de obligada visita. Son construcciones modernas muy diferentes a las que estamos acostumbrados a ver. ¡No os lo perdáis!

Para llegar a Brasília desde el extranjero hay que pasar por el aeropuerto de Río de Janeiro o de Sao Paulo. Hay múltiples vuelos que conectan la capital con estas dos grandes ciudades pero hay que tener en cuenta que algunos de ellos hacen tres e incluso cuatro escalas antes de aterrizar en la capital. Asegúrate de elegir uno directo o tu viaje se convertirá en una pesadilla…

En Brasil hay una atención sanitaria accesible a todos pero tiene largas listas de espera. Por el contrario, las clínicas privadas ofrecen un servicio excelente. Existe incluso un turismo de la salud sobre todo para los tratamientos de cirugía estética, más concentrado en Sao Paulo y Río de Janeiro.

Hay colegios internacionales como el Lycée Français y The American School además de múltiples colegios locales. También hay dos grandes y reconocidas Universidades, la Universidad de Brasília y la Universidad Católica de Brasília.

El idioma se aprende muy fácilmente. Podrá hablar “portuñol” en pocas semanas si se relaciona con gente local. Será sin embargo  difícil hablarlo a la perfección por la gran similitud con el castellano.

Disfruta de esta peculiar ciudad y no te pierdas la espectacular puesta de sol en la Plaza de los Tres Poderes entre las torres del Congreso y del Senado.
lago Brasilia

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En primera fila

La vida de expatriado tiene muchísimas ventajas que a la larga predominan sin duda sobre los también muchos inconvenientes que conlleva. Pero hay etapas en las que vivir fuera y lejos de los tuyos puede suponer una angustia difícil de sobrellevar.

Cuando los hijos empiezan a hacerse mayores son tus padres los que poco a poco van demandando más atención. Pasamos a la primera fila y casi sin darnos cuenta, nos hacemos también responsables de nuestros mayores. Esto es ley de vida y a todos nos llega ese momento, pero cuando vives a miles de kilómetros, esta tarea es complicada tanto logística como emocionalmente.

¿Cómo atender a la vez a tu hijo adolescente al que acaba de dejar su primera novia en Bangkok y a tu madre ingresada en Madrid por una enfermedad extraña que la mantiene paralizada? ¿Cómo adivinar, cuando te llaman para decirte que tu padre está mal, si tienes que dejarlo todo de inmediato o la cosa puede esperar? ¿Y si tu hijo está con dengue en El Salvador y a ti te pilla en Madrid arreglando la casa para vuestra vuelta inminente?  ¡Además puedes encontrarte con que no hay vuelos todos los días o ya están todos completos!

No existe respuesta correcta a ninguna de estas preguntas. Es imposible dividirse y tomar una decisión con tantos sentimientos y emociones de por medio. Una amiga, con mucha razón, me dijo una vez, que en estos casos hay que pensar con el corazón y no con la cabeza. Yo le he hecho caso y de momento no me arrepiento de ninguna de mis decisiones. Así que la comparto con vosotros por si os sirve de ayuda en algún momento.primera fila

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Un “cole” a tu medida.

A la hora de decidir si te lanzas o no a la aventura es determinante conocer bien  una serie de cosas sobre tu posible nuevo destino, y una de ellas, si tienes hijos, será el tema COLEGIO.

¿Cuál elegir? Uno local, uno internacional y dentro de éstos, el británico, el francés, el americano, el alemán… ¡Pero si vienen ahora de uno suizo! ¡Menudo lío! ¡Se van a volver tarumbas! Tanto cambio no puede ser bueno…

Es importante ya desde que empiezan su vida escolar, tener una idea del tipo de educación que se les quiere dar; pero también es necesario estar abierto a otras opciones  porque no es imposible que os encontréis con que hay que dar un giro inesperado a mitad de camino. Esto suele dar mucho vértigo y no es para menos. Unos niños que cambian tanto de país y de amigos deberían al menos tener una continuidad en el sistema escolar. Esa era mi idea cuando empecé en esto como madre tras haber sido expatriada durante toda mi infancia, y lo sigue siendo, pero he aprendido que si las circunstancias impiden seguir el camino trazado TAMPOCO PASA NADA.

Tengo tres niños (los dos mayores ya con barba) y elegimos desde el principio el colegio francés. Yo había seguido ese sistema y me había ido bien. Los franceses están siempre muy bien organizados y mal que bien, en todas partes hay posibilidad de encontrar un colegio… O eso creía yo.

Empezaron en Holanda, siguieron en El Salvador, de ahí pasaron a Tailandia y con 8 y 6 años llegaron al Liceo en Madrid. Dos años mas tarde tocó Ginebra y…¡oh sorpresa!, allí fue imposible obtener plaza debido a la prioridad que dan siempre a los niños franceses que allí, abundaban. Así que al suizo de enfrente, y de allí a Madrid a uno español, luego en uno canadiense en Trinidad y Tobago para terminar en español otra vez. Y aunque parezca imposible la experiencia salió perfecta, ningún problema mas que los administrativos para convalidaciones y legalizaciones que siguen estando mal resueltos. También el tema de la selectividad que aunque sea para extranjeros hay que prepararse por libre y sin apoyo, pero en cuanto a la etapa escolar, nada que temer si al final no salen los planes previstos.

Pasamos muchas angustias cuando las cosas no salían como habíamos previsto pero los niños son  sorprendentes y se adaptan con tanta facilidad que son capaces de aprovechar todas esas experiencias mucho mejor de lo que nos imaginamos. Así que ya sabéis. NO PASA NADA.

 

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¡Trinidad y Tobago está en el Caribe!

Llegamos a Puerto España (o “PoS” de Port of Spain como les gusta decir a los twitteros allí),  un 14 de febrero, con 10 maletas, tres adolescentes y un labrador chocolate de 40 kilos.

El viaje había sido largo y agotador, 22 horas incluyendo la frenética e inevitable escala en Miami, pero el nerviosismo por llegar a un sitio nuevo nos mantuvo en forma y llenos de ilusión.

El contacto que nos esperaba en el aeropuerto nos advirtió de que quizás tendría que dar un rodeo porque era  “J’OUVERT” y las direcciones en la ciudad habían cambiado temporalmente, pero estábamos concentrados en los trámites para el ingreso del perro y en la recogida de maletas y a nadie se le ocurrió preguntar qué era eso del J’OUVERT.

Desde el aeropuerto de Piarco a la ciudad tardamos unos cuarenta minutos. Primero por la autovía, la única que cruza el país de este a oeste y luego por una carretera preciosa, Lady Young Road,  que ofrecía unas vistas maravillosas de la capital “by night”.

Esa noche no pudimos pegar ojo y no precisamente por el “jet lag”.A eso de las dos de la madrugada nuestra calle se convirtió sin previo aviso en el lugar mas divertido del mundo. La música hacía retumbar la casa, los cristales de las ventanas vibraban y por encima de la tapia que nos separaba de la calle vimos pasar una ristra de camiones, cada uno con su banda sonora, llenos de gente cantando y bailando, tirando pintura a diestro y siniestro y brindando con cualquiera que cruzara con ellos la mirada.  Y así de entretenidos estuvimos hasta las cuatro o las cinco de la mañana. ¿Sería esto El J’OUVERT? Luego supimos que era una palabra que venía del francés “Jour Ouvert”, (día abierto), o sea, que era el día del ¡todo vale!  ¡Pues claro!

El intenso sol caribeño decidió entrar por la ventana a las seis, y a pesar de nuestros esfuerzos para prolongar el descanso, a las siete y media estábamos todos desayunando.

La curiosidad nos llevó a salir a dar una vuelta…….Estábamos cerca del Savannah, un gran parque de mas de cuatro kilómetros de diámetro, centro de reunión y deportivo de la ciudad. Aquello estaba efectivamente lleno de gente, algo desorientados algunos, un poco pasados de vueltas otros y manchados de pintura y  de barro TODOS.

No pasamos desapercibidos. Nos miraban como si viniéramos de Marte. Europeos descoloridos y por si fuera poco ¡¡impolutos!!La inmensa mayoría llevaba a cuestas  la resaca normal tras una noche de intensa juerga. En Trinidad y Tobago conviven admirablemente un 42% de  afrodescendientes, otro 46% de indotrinitenses y el restante 12% de varios orígenes (chinos, hispanoamericanos, europeos, sirio-libaneses) Una sociedad realmente única en el Caribe. Nosotros pertenecíamos a esta minoría pero  con la peculiaridad añadida de ser las únicas cinco almas que habían aterrizado en medio de la fiesta sin tan siquiera conocer previamente su existencia.

Alguien nos hizo un gran favor al decirnos que estábamos demasiado limpios. Seguían tirándose pintura unos a otros e increíblemente se mostraron híper respetuosos dejándonos volver a casa sin mancha alguna. Algo que nos impresionó y agradecimos sobremanera y que desde luego, no habría ocurrido en ningún otro lugar del mundo ¡Éramos el mejor blanco y nunca mejor dicho!. A partir de ese momento hicimos nuestro lo de  “DONDE FUERES HAZ LO QUE VIERES….”

Los dos días siguientes fue el carnaval, LA FIESTA con mayúsculas del país. Todo se paraliza en pro de la convivencia en la calle, del  ”liming” (o juerga entre amigos) y de las ganas de pasarlo bien. Dos días en los que hasta los delincuentes se dan un respiro y en los que se ve a la gente disfrutar de lo lindo y olvidarse de cualquier problema que pueda tener.

Ese año no pudimos disfrutar del carnaval “trini” como Dios manda, pero pudimos resarcirnos el año siguiente. ¡¡¡Lo mejor del mundo según nuestros tres adolescentes!!!

Y así fue nuestro aterrizaje en Puerto España. Ahora llevamos ya algo mas de un año y todos los consejos y datos recibidos nos han ayudado mucho en nuestras primeras andanzas aquí. Y como lo prometido es deuda, se lo enviamos a sindemora.com para que disfruten con nosotros de lo que hemos preparado juntos durante varias semanas.

Todo fue estupendamente, ¡Gracias sindemora!

tyt

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De un lado para otro.

Por H o por B me he pasado la vida de un lado para otro de país en país con todo lo que eso tiene de bueno, que es mucho, y de malo, que dependiendo de la fase de la vida en la que estés puede llegar a ser devastador.

Entre los 0 y los 10 años:

A estas edades vas esencialmente a donde te mandan y sinceramente no te das mucha cuenta de lo que eso supone. Aprendes sin darte cuenta el idioma que toque, aunque luego se te olvida también con bastante facilidad, cambias de amigos, de casa, de colegio, pero a estas edades  tus padres lo son prácticamente todo para ti y bajo su ala protectora vives el presente con intensidad.

Entre los 11 y los 18 años:

Aquí cambia la cosa y todo se vuelve complicado. Papá y mamá ya no tienen ni idea de nada, no se enteran y por ende ya no te protegen. ¡Todo lo contrario! Te arrancan cruelmente de tu rutina para llevarte cada dos o tres años a un nuevo y hostil destino. Te obligan a aterrizar, a veces incluso a mitad de curso, en un nuevo colegio en el que tienes que enfrentarte solo a las miradas inquisidoras de los que llevan años allí. Cuesta mucho, sobre todo si además tienes que aprender otro idioma que no vale con chapurrear. ¡Qué vergüenza! Hay que dominarlo y hasta entonces, para evitar hacer más el ridículo,  mejor quedarse mudo del todo.

Para más inri, de repente, cuando tus  “por fin” amigos empiezan a hacer planes para irse a estudiar a Estados Unidos a Canadá o a Inglaterra, te enteras de que tu destino será España si o si, y que además vivirás con los abuelos. Mientras tus compañeros sueñan con los campus de película, sus residencias, sus relucientes taquillas y los constantes festejos tu buscas la manera de venderles que tu destino es igualmente glamuroso y envidiable. Por si no fuera poco, además tienes que pasar la selectividad y hacer un esfuerzo adicional para estudiar cosas que no te interesan nada de nada. Una verdadera injusticia del todo incomprensible que te aleja de tus padres… “¡Para siempre!”

De los 19 hasta…

Resignación. No queda otra. Ya estás en Madrid. Con tus abuelos. Empiezas la Universidad con cierta ilusión aunque sea un mecanismo de supervivencia, pero ésta se esfuma con cada “post” que publican tus antiguos compañeros en las redes sociales… ¿Por qué a mí? Papá y Mamá te hablan de que hay que echar raíces y a ti eso te suena a chino, pero no hay otra. Pasa el tiempo y descubres de pronto que lo de vivir sin padres tiene su aquél, los abuelos no se enteran demasiado y te sientes más libre que nunca. Empiezas a hacer amigos y con ellos surgen los planes y poco a poco, increíblemente te haces a tu nueva vida. Al llegar eras “el extranjero” pero con el tiempo empiezas a descubrir que te identificas mucho con tus “colegas”, que entiendes el humor español más que ningún otro, que las cañas, las tapas, los bocatas de calamares y las juergas hasta altas horas de la madrugada son lo tuyo, que te has vuelto forofo del Madrid y que festejas a la selección aunque no sepas contra quién está jugando.  De repente no solo entiendes eso de las raíces, sino que casi puedes sentir como te amarran a tu tierra.

Cuando llega la independencia económica es cuando realmente empiezas a apreciar las cosas buenas de la vida que te ha tocado vivir. Lo malo, desaparece o se diluye entre todas las ventajas de las que has disfrutado al conocer mundo, estudiar idiomas sin darte a penas cuenta y aprender multitud de cosas que no aparecen en los libros. Es entonces cuando de nuevo admiras a papá y mamá.

 

Y si como adulto vuelves a elegir ese tipo de vida…

Esto es bastante común entre los que hemos rodado por el mundo en nuestra infancia. Al final uno se acostumbra a este tipo de vida y si tiene la oportunidad no duda en lanzarse de nuevo a la aventura. En este caso todo resulta agradable al ser tu propia elección. Eres capaz de ilusionarte y proyectarte en el nuevo destino con gran facilidad y también te ayuda mucho tu trayectoria a la hora de adaptarte y hacer nuevos amigos.

Si tienes hijos sabrás cómo guiarles y apoyarles a través de cada etapa puesto que tú ya has pasado por ahí,  y te costará menos vivir cada destino en profundidad, descubrir sus ventajas y aprovecharlas a fondo.

Es un privilegio tener la oportunidad  de llevar este tipo de vida pero no hay que perder de vista que el esfuerzo que se pide a los hijos es inmenso. Contar con una familia unida que  permanece contigo pase lo que pase, es fundamental para crecer tranquilo y seguro.

Desde aquí, mi homenaje a mis padres y mis hermanos con los que compartí multitud de aventuras y que tanto me apoyaron en todo momento.

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Con la casa a cuestas

La experiencia me ha demostrado que si tienes la posibilidad de llevarte tus cosas contigo al nuevo destino, la adaptación al mismo será mucho más rápida.

La sensación de hogar llega de forma automática cuando el sofá, la alfombra, el cuadro y la lámpara de siempre vuelven a formar parte del paisaje de tu casa y convierten esas cuatro paredes en tu salón de toda la vida.

Es importante también colocar todo lo que llega en la mudanza lo antes posible. La ilusión de amueblar la casa se suele esfumar a las pocas semanas dando paso a una especie de fobia a todo lo que tenga que ver con la decoración. Todo lo que no se haya desembalado y ordenado para ese entonces se quedará tal cual probablemente hasta que dejes ese destino para encaminarte a otro.

Aún recuerdo cuando llegamos a Bucarest en los años inmediatamente posteriores a la caída de Ceaucescu. Era nuestra primera casa, nos llevamos lo poco que teníamos y lo colocamos con la mayor de las ilusiones en una casa que nos venía demasiado grande. Tuvimos que recurrir al truco de forrar con telas las cajas de la mudanza para convertirlas en mesillas, aparadores o pufs decorativos  y con tanto trabajo fuimos acostumbrándonos a una bombilla suelta que caía de un cable con pegotes de pintura del techo de la entrada. Pasaron las semanas de la obsesión por la decoración y allí se quedó y para siempre, porque nunca se fundió y no volvimos a reparar en ella.  GRAN ERROR, aún nos lo recuerdan con cierta sorna muchos de los que pasaron por allí.

Dicho esto, tampoco es conveniente acarrear muchas cosas. Las mudanzas se convierten en una pesadilla y todo se complica, pero sí lo necesario para personalizar la nueva casa y hacerla tuya desde el primer día.

Organizarlo todo antes de que lleguen a embalar es de vital importancia. Aquí os dejo algunos consejos prácticos:

1º ORDEN Y LIMPIEZA GENERAL Se acumula mucho en las casas y es una ocasión para deshacerse de lo que no sirve.

2º PRESUPUESTOS: Cuando se lo pidas a las casas de mudanza, ten en cuenta si  necesitas embalaje especial para algún mueble o cuadro, si el destino final es solo uno o si hay un tirante a algún trastero o casa en la playa por ejemplo, pedir cajas con antelación para la ropa y fijar las fechas de recogida y entrega.

3º RECOGIDA DE MUEBLES: ¡Ojo con los pasaportes y documentos de viaje! Los que recogen van a una velocidad de vértigo y hay que recibirles con las ideas claras y cada cosa en su sitio. Si no te llegarán decenas de cajas de variedades muy incómodas de colocar.

4º CARGA EN EL CAMIÓN: Recuerda dejar la caja de herramientas para el final. Así será la primera en salir y podrán ir montando las cosas a medida que salgan.

5º UN CONSEJO: Una vez cerrado el camión vete a un hotel si tienes esa opción pero si te quedas en la casa date un buen baño y relájate un rato, pero procura salir esa noche a cenar,

Si no, se te caerá la casa encima y te invadirán los recuerdos.

¡Ánimo!

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El “Pulgarcito” de América

Esto es una opinión personal basada en las experiencias acumuladas  durante los dos maravillosos años que residimos allí.

Lo más destacable de El Salvador es la calidez de sus habitantes y el increíble don que tienen para acoger al forastero y hacerle sentir como en su casa.

San Salvador es una ciudad pequeña pero no falta de nada. El centro se frecuenta poco por razones de seguridad, aunque si uno no va llamando la atención no pasa nada de nada. Los barrios más residenciales en los que se instala la mayoría de los extranjeros son la Colonia San Benito  y  Escalón  aunque  probablemente  hayan  surgido  más  desde  la  última  vez que estuvimos por allí.  La mayoría de los lugares de ocio están en  la  Zona  Rosa, lugar  de encuentro de jóvenes y no tan jóvenes, pero hay teatros y cines por toda la ciudad.

También existen varios centros comerciales con una oferta más que amplia de todo tipo de productos. Actualmente, en  San Salvador está  el centro  comercial  más  grande de Centro América con unas cuatrocientas tiendas.

El Club Campestre, el Círculo Deportivo  Internacional  o el Maya Country Club son algunos de los espacios de ocio de más renombre. En algunos se puede practicar el golf y en prácticamente todos tenis y squash.

El Lago de Ylopango y la Costa del Sol, la playa más cercana a San Salvador, son lugares de ensueño a no perderse. Una  práctica  bastante  común  es  alquilar  las  casas  que  algunos Salvadoreños  ofrecen  para  algunos  fines  de  semana  al mes. Se puede ir a pasar el día y regresar  después a la  ciudad  perfectamente, pero  conviene  tener una  casa donde  ir  de todas formas.

Hay colegio Francés, Americano, Alemán y Británico además de los locales en su mayoría católicos. Todos con un buen nivel académico. En  cuanto  a  Universidades  hay  más de treinta en todo el país con todo tipo de especialidades.

 

La atención sanitaria es muy buena, pero es recomendable siempre acudir a los hospitales privados. Existe una buena red hospitalaria tanto en la capital como en Santa Ana y San Miguel. En el país, y sobre todo en la época de lluvias, hay dengue. Esto suele asustarnos mucho a los extranjeros, pero allí lo tratan de maravilla. Es muy importante saber que en caso de fiebre, nunca debe tomarse ni aspirina ni ibuprofeno en países en los que exista esta epidemia. Solo Paracetamol.

Nuestra experiencia fue muy positiva. Una etapa alegre y feliz de nuestras vidas. Si tenéis la oportunidad de ir a vivir allí por un tiempo, no la dejéis pasar.

 

SSalvador

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La clave del éxito

Tras muchos años residiendo fuera de España en varios países diferentes, he llegado a la conclusión de que la actitud ante cada nuevo reto es muy importante para que éste sea un éxito.

He aquí algunas claves para llegar con ilusión a tu nuevo destino y marcharte tras unos años con el corazón encogido:

  1. Es fundamental interesarse por la cultura del país, por las costumbres de sus gentes. Investigar sobre lo que ofrece la ciudad en la que vives y observar. Probar sus platos, participar en sus fiestas y aprender. Aprovechar la oportunidad de conocer a fondo otro lugar.
  2. Nunca juzgar, ni intentar cambiar las cosas. Aceptarlo todo tal y como es y adaptarnos a ello. Lo contrario no nos llevaría mas que a desperdiciar una etapa maravillosa de nuestra vida.
  3. Ser conscientes de que lo lógico es echar de menos a la familia y a los amigos y sentirse triste alguna vez, ayuda mucho también. Son sentimientos normales y pasajeros y con los avances tecnológicos de los últimos años todo está mas cerca y mas a mano. ¡Skype hace maravillas!
  4. Conocer a otros compatriotas que lleven ahí mas tiempo te abrirá muchas puertas. Pero date un tiempo para observar y sacar conclusiones. No siempre el primero que se acerque a ti será después el mejor de tus amigos.
  5. Construye una rutina para ti y los tuyos. Acondiciona tu casa a tu gusto, procura al principio decorarla de forma parecida a la anterior y te sentirás enseguida como en casa.
  6. Invita a tus conocidos pronto, de esa manera entrarás rápido en el círculo social. Procura identificar los restaurantes, las tiendas, los planes que mas te gustan y que frecuentarás a menudo mientras estés en esa ciudad.
  7. Y DISFRUTA MUCHO, APRENDE Y TRAETE DE VUELTA TODAS ESAS EXPERIENCIAS. MUCHOS AGRADECERÁN ESCUCHAR TUS RELATOS.la clave del exito
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Experiencias en el Reino de Siam

Tuvimos la enorme suerte de vivir en Bangkok durante dos intensos años que, a todas
luces, se nos quedaron cortos para poder empaparnos de verdad de aquélla cultura
fascinante y lejana.
A pesar de haber viajado bastante, nunca había visto una ciudad tan increíblemente
activa a cualquier hora del día.
El calor sofocante no impide que sus habitantes corran de un lado para otro, que los
mercadillos abarroten las calles o que los carritos de comidas, muy numerosos, sirvan
sus raciones a sus múltiples clientes. La ciudad nunca se para, nunca descansa.
A parte de algunas avenidas anchas, toda la ciudad se organiza en “sois”, pequeños
callejones que llevan sin embargo a grandes edificios residenciales, zonas de recreo o
centros comerciales. Se conduce por la derecha y entre eso, los letreros en tailandés y
la estrechez de estos accesos, resulta algo complicado llegar a destino. Esto, si no se
encuentra uno a un elefante que aprovechando un semáforo en rojo, mete la trompa
por la ventana del coche en busca de un plátano que ya se encarga su domador de
venderte para que se lo des.
Otro mundo.
Pero lo que mas le llama a uno la atención en Bangkok son sus gentes. Personas
educadas todas, amables, sonrientes y solidarios donde los haya. Una sociedad
matriarcal en la que los niños son educados por las abuelas mientras los padres
trabajan para traer el pan. ¡O el arroz! En este caso base de su alimentación.
La comida thai es francamente sabrosa y variada. Abusan del picante que ellos toleran
hasta límites insospechados, pero basta con decir “spicy for farang” (picante para
extranjero) para que lo sirvan con la dosis ideal. Las casas tailandesas suelen tener
unas cocinas pequeñas que sirven fundamentalmente para sentarse a degustar lo que
compran en los carritos de la calle. Al extranjero le cuesta adoptar esta costumbre,
pero acaba claudicando porque lo que sirven en los carritos callejeros, aunque es
importante saber elegir cual, está delicioso y muy, pero que muy bien de precio.
Las compras es otro de los grandes atractivos. Mercadillos hay por todas partes pero
los fines de semana es imprescindible acudir a Chatuchak. Eso sí que es un paraíso para
los amantes de las oportunidades, de los chollos y del regateo…..un plan a no perderse
si lo que te gusta es comprar. Es importante entrar por las antigüedades, los adornos o
los textiles porque si no uno corre el riesgo de acabar entre animales variopintos y
gritones o entre guisos de tremendo aroma y dudosa procedencia. En el ultramoderno tren elevado se llega de maravilla y cualquier persona podrá orientaros para no fallar
en el acceso.
Silom Village es otra opción mas convencional pero igualmente apetecible. Un rincón
cerca de la zona hotelera en el que se concentran tiendas con todo lo que a los
occidentales nos suele gustar. Tiendas como Artisans, Keanlis o la de bolsos de la
esquina, harán las delicias de muchos…o muchas.
Tras las compras un paseo en barco por el Chao Phraya sería el plan perfecto para
después quedarse a comer en el Hotel Oriental o en el Shangri-La. Es este sin duda un
lugar con duende, especial y mágico que no olvidarás.
Hay mucho que ver, pero en todo caso se debe ir al deslumbrante Palacio Real, las
ruinas de Ayutthaya, el gran Templo del Amanecer, el desfile de barcas reales en el
festival Songkran, el mercado de las flores, o a cualquiera de los grandes centros
comerciales thais (Emporium, Central o el Si Phraya-River City famoso por sus
antigüedades), lugares en los que se aprende mucho sobre la idiosincrasia de los
siameses. El respeto y la moderación afectiva en público son importantes para no
chocar con los locales, no hay que olvidar que son en su gran mayoría budistas. Así,
una sesión de cine cualquiera sirve para comprobar el enorme sentido patriótico y el
respeto reverencial –literalmente- que la población muestra por su monarca (antes de la
película suena sin excepción el himno mientras se proyecta la imagen del Rey: es absolutamente obligatorio levantarse y mantener silencio).
Fuera de la ciudad no puede uno perderse Pattaya o mas lejos, Chiang Mai y Chiang Rai
y el tirante a Mae Hong Son. En avión, las animadas playas de Phuket, además de la
exótica Ko Samui o el mítico Hotel Rayavadee en Krabi.
Tailandia es diferente y fascinante, un lugar que vive ejemplarmente entre la tradición
y la modernidad, acogedor y único. Visitarlo engancha, ya que en cualquier viaje se
acumulan anécdotas y vivencias especiales. Un país a recorrer, a solas o en familia,
para descansar o para divertirse, porque cada rincón ofrece una nueva experiencia y se
palpa el respeto, la paz y la amabilidad.
Mi hija nació allí y no puedo describir con palabras lo maravilloso que resultó todo.
Si en algún momento tienes la oportunidad de instalarte allí no la dejes pasar. A parte
del tema turístico que forma parte del día a día por la gran oferta y su constante
evolución, la vida en Bangkok es agradable y fácil siempre que uno aprenda a esquivar
las horas punta de tráfico, que aunque no lo parezca, es posible. La oferta educativa es
buena, hay liceo francés con muy buenas instalaciones, así como colegios ISB
(estadounidense) y británico entre otros. Los hospitales -en concreto el célebre
Bumrungrad- y la atención médica son de muy buen nivel. Hay una comunidad de
expatriados numerosa y variada además de activa y divertida. Es, como digo mas
arriba, otro mundo, pero al poco tiempo de llegar, uno se siente casi como en casa.

 

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